PELÍCULAS - ESCENAS ESCOGIDAS
En esta entrada me gustaría reflexionar acerca de las dos películas que hemos visto en clase (sobre género) durante estas dos primeras semanas de este segundo cuatrimestre: La Caza y Lawrence Aniways.
Por un lado, La Caza, trata de lo siguiente: Lucas afronta su nueva situación. Entrado en los cuarenta se encuentra divorciado, con un hijo adolescente y desarrollando su trabajo en un colegio de educación infantil. Cuando todo parece encaminarse hacia una situación estable, una mentira fortuita pone patas arriba esa pretendida estabilidad. Primero la sorpresa, después la sospecha y por último la condena social dentro de una pequeña comunidad harán que Lucas tenga que afrontar una situación indeseable para defender su integridad.

Se puede ver claramente cómo va evolucionando el caso, es decir, como la sociedad y todo el resto de sus compañeros se sitúan en contra de él y como se va quedando solo poco a poco.
La escena que he escogido para comentarla ocurre en la casa del amigo del protagonista, justo en la entrada. En ese momento el hijo del profesor defiende a su padre en todo momento y es el único que confía en él.Tras una discusión, el amigo le pega un manotazo al hijo de éste y acaban separándose. Al igual que, en la escena que le echan del supermercado a patadas.
Elijo estos momentos, ya que transmite que la familia casi siempre va a estar ahí, es decir, nadie nos va a apoyar y a querer como lo hace la familia, y no debemos de perder de vista que la realidad se tergiversa mucho.
Por otro lado, Laurerce Anyways, ambientada en la década de los noventa, la historia se centra en Laurence Alia (Melvil Poupaud) y Fred Belair (Suzanne Clement). Laurence es profesor de secundaria y escritor; Fred trabaja en la industria cinematográfica. Son amantes, amigos y confidentes. Sin embargo, todo está destinado a cambiar cuando Laurence le revela a su compañera, siendo lo más honesto y delicado posible, que desea cambiar de sexo. El impacto de esta decisión es palpable en Fred. ¿La relación llega a su fin? ¿Debe ella aceptar este cambio? ¿Acaso importa? Ambas fuerzas no tardan en chocar, lo que es comienzo de una intensa historia de amor que atraviesa más de diez años.
Cómo un hombre se va dando cuenta de que se siente una mujer, como su pareja le ayuda en el proceso e intentan convivir juntos aun sabiendo que cada uno se siente lo que quiere sentirse.
Una de las escenas que más me gustó es cuando, en una fiesta íntima llena de sonrisas y voces, Laurence sopla las velas del pastel para celebrar su cumpleaños. Le vemos a través de una copa con agua, metafórica: su verdadero ser, sumergido, sin ser capaz de salir a la superficie. Necesita el apoyo de Fred, pero también sabe que inevitablemente la está lastimando.
Otra de las escenas que me gustaría destacar es en la que la mujer no lo entiende, es decir, no se queda ayudándole. Aun así, para ella tampoco es plato de buen gusto, lo pasa mal, se entristece y aunque llore sigue estando a su lado.

Se puede ver claramente cómo va evolucionando el caso, es decir, como la sociedad y todo el resto de sus compañeros se sitúan en contra de él y como se va quedando solo poco a poco.
La escena que he escogido para comentarla ocurre en la casa del amigo del protagonista, justo en la entrada. En ese momento el hijo del profesor defiende a su padre en todo momento y es el único que confía en él.Tras una discusión, el amigo le pega un manotazo al hijo de éste y acaban separándose. Al igual que, en la escena que le echan del supermercado a patadas.
Elijo estos momentos, ya que transmite que la familia casi siempre va a estar ahí, es decir, nadie nos va a apoyar y a querer como lo hace la familia, y no debemos de perder de vista que la realidad se tergiversa mucho.
Es una película para remover consciencias. El director pretende, y consigue, que reflexionemos sobre la película, además de criticar el papel de la sociedad en este tipo de situaciones y de los juicios paralelos que se crean.
Por otro lado, Laurerce Anyways, ambientada en la década de los noventa, la historia se centra en Laurence Alia (Melvil Poupaud) y Fred Belair (Suzanne Clement). Laurence es profesor de secundaria y escritor; Fred trabaja en la industria cinematográfica. Son amantes, amigos y confidentes. Sin embargo, todo está destinado a cambiar cuando Laurence le revela a su compañera, siendo lo más honesto y delicado posible, que desea cambiar de sexo. El impacto de esta decisión es palpable en Fred. ¿La relación llega a su fin? ¿Debe ella aceptar este cambio? ¿Acaso importa? Ambas fuerzas no tardan en chocar, lo que es comienzo de una intensa historia de amor que atraviesa más de diez años.
Cómo un hombre se va dando cuenta de que se siente una mujer, como su pareja le ayuda en el proceso e intentan convivir juntos aun sabiendo que cada uno se siente lo que quiere sentirse.
Una de las escenas que más me gustó es cuando, en una fiesta íntima llena de sonrisas y voces, Laurence sopla las velas del pastel para celebrar su cumpleaños. Le vemos a través de una copa con agua, metafórica: su verdadero ser, sumergido, sin ser capaz de salir a la superficie. Necesita el apoyo de Fred, pero también sabe que inevitablemente la está lastimando. Otra de las escenas que me gustaría destacar es en la que la mujer no lo entiende, es decir, no se queda ayudándole. Aun así, para ella tampoco es plato de buen gusto, lo pasa mal, se entristece y aunque llore sigue estando a su lado.
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